El Mundo Neurodivergente
Tema 1. Neurodivergencias: ¿y por qué ahora?
¿Qué es la neurodivergencia?
La neurodivergencia es un término que describe diferencias en el funcionamiento neurológico que se apartan del patrón considerado neurotípico. Estas diferencias pueden manifestarse en áreas como la atención, la memoria, el aprendizaje, la percepción sensorial, la regulación emocional y la interacción social.
Desde la perspectiva de la neurodiversidad, estas variaciones no se consideran patologías intrínsecas, sino formas naturales de diversidad cognitiva y neurológica, que pueden implicar tanto desafíos como fortalezas únicas.
Porcentaje poblacional
No existen datos oficiales exactos sobre el porcentaje preciso de personas neurodivergentes frente a neurotípicas en España, ya que el término «neurodivergencia» agrupa múltiples condiciones y muchas de ellas no están diagnosticadas.
No obstante, las estimaciones basadas en la prevalencia de los principales trastornos del neurodesarrollo y en estudios epidemiológicos relevantes sugieren que entre el 15 % y el 20 % de la población podría presentar alguna forma de neurodivergencia.
Proyectos europeos y grupos de investigación estiman que, en la Unión Europea, entre el 20 % y el 22 % de la población es neurodiversa, cifra que suele considerarse aplicable también a España. En consecuencia, aproximadamente el 80–85 % de la población sería neurotípica.
Estas estimaciones no incluyen condiciones exclusivamente relacionadas con la salud mental, como la ansiedad o la depresión, que no siempre se consideran neurodivergencia desde una perspectiva estricta del neurodesarrollo.
Condiciones neurodivergentes
Se consideran neurodivergencias las siguientes condiciones del neurodesarrollo y perfiles neurocognitivos:
- Trastorno del Espectro Autista (TEA)
- Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)
- Trastornos específicos del aprendizaje:
- Dislexia
- Discalculia
- Disgrafía
- Trastorno del Aprendizaje No Verbal (TANV)
- Dispraxia o Trastorno del Desarrollo de la Coordinación
- Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL)
- Trastorno del Procesamiento Sensorial
- Discapacidad intelectual
- Altas Capacidades Intelectuales (AACC)
- Doble excepcionalidad (altas capacidades asociadas a otra neurodivergencia)
¿Y por qué ahora?
Soy mujer sénior, psicóloga clínica y psicoanalista. Mi condición de sénior implica muchos años de práctica clínica y formación continuada.
Las altas capacidades intelectuales siempre han sido un tema que me ha interesado especialmente, y no fue hasta hace relativamente poco tiempo cuando pude afirmar que soy neurodivergente, al igual que otros familiares directos (padres, hijos y nietos). Si hoy en día, solo una parte de la neurodiversidad está identificada o diagnosticada, en el caso de las mujeres este infradiagnóstico es aún mayor.
Durante gran parte de mi vida tuve la sensación de no encajar en ningún lugar sin comprender el porqué. Esto tuvo consecuencias en mi salud mental, manifestándose en síntomas emocionales como baja autoestima, estrés y rasgos compatibles con TDAH. Al no haber sido identificada, los diagnósticos psiquiátricos que recibí fueron, de forma reiterada, trastorno ansioso-depresivo o trastorno adaptativo.
Hace aproximadamente diez años, coincidiendo con mi propio proceso de autodiagnóstico, comencé a identificar y diagnosticar casos de neurodivergencia en mi práctica clínica, especialmente en pacientes con altas capacidades intelectuales o con TEA nivel 1 (anteriormente denominado síndrome de Asperger). A pesar de no contar inicialmente con herramientas específicas para el diagnóstico de la neurodivergencia, me resultaba evidente la singularidad de muchos pacientes: personas muy inteligentes, profundas, creativas, con formas particulares de percibir y procesar el mundo.
Esto implica que, durante años, mis propios síntomas y los de muchos pacientes fueron mal diagnosticados. Las personas con Asperger, por ejemplo, eran interpretadas como psicóticas o como portadoras de distintos trastornos de la personalidad o del carácter, y en muchos casos quedaban sin un diagnóstico formal.
Cuando una persona neurodivergente no es identificada ni diagnosticada, puede experimentar un conjunto de malestares y dificultades, ya que su forma de procesar el mundo no encaja con las expectativas sociales, escolares o laborales. El malestar emocional que aparece en estos casos suele diagnosticarse como trastorno ansioso-depresivo, cuando en realidad es consecuencia de factores como:
- baja autoestima, al sentirse inadecuado o diferente de la mayoría neurotípica;
- sobrecarga derivada de la adaptación constante a métodos académicos o profesionales tradicionales, con riesgo de abandono pese a contar, en muchos casos, con altas capacidades cognitivas;
- dificultades sociales en algunos casos;
- incomprensión del entorno;
- estrés y malestar existencial.
La falta de identificación no solo dificulta el acceso a apoyos y adaptaciones adecuadas, sino que puede generar un círculo de frustración, estrés y problemas emocionales, a menudo confundidos con “trastornos secundarios”.
El descubrimiento de la neurodiversidad me ha abierto un mundo enorme y, desde hace tiempo, estudio y profundizo en un ámbito que sigue siendo relativamente nuevo para muchos profesionales: docentes, médicos, psicólogos y psiquiatras.
En la actualidad, se estima que solo entre el 30 % y el 40 % de las personas neurodivergentes cuentan con un diagnóstico formal, mientras que entre el 60 % y el 70 % permanecen sin diagnosticar o están mal identificadas.
En el próximo post (Tema 2) abordaremos las razones de este infradiagnóstico y también el posible sobrediagnóstico.
Mis publicaciones estarán generalmente relacionadas con las Altas Capacidades Intelectuales.