Adversidad y coraje

ADVERSIDAD Y CORAJE
                                                                                                                                
                  
(CUESTIONARIO PLANTEADO POR LA REVISTA PSYCHOLOGIES, PARA SU NÚMERO JUNIO 2013- Dossier: Afrontar las dificultades de vida)

 

R.P. ¿Cuando la vida nos golpea, cuando nuestro compañero o compañera nos deja, padecemos una enfermedad grave o nos enfrentamos a la muerte de un ser querido,  es importante no culpabilizarnos ni culpabilizar al mundo de lo que nos ocurre? ¿El ¿por qué a mi? nos resta fuerzas?

 

Cuando la vida nos golpea a todos inevitablemente hay un sufrimiento por la pérdida del objeto (salud, ser querido, proyecto, ilusión….etc.). Pero esa pérdida supone,  al mismo tiempo, una herida narcisista.

 

No nacemos sujetos, nos hacemos sujetos. En el proceso constitutivo del sujeto pasamos necesariamente por diferentes etapas evolutivas, una de ellas es la que denominamos, etapa narcisista. El narcisismo supone una inflación yoica, el niño en esa etapa cree ser omnipotente, cree tener el poder, se considera especial y único. Esa etapa narcisista se va a desdibujar gracias a los límites que el Otro de la Ley impone. Superar esa fase significa aceptar los limites, aceptar que ni lo somos todo, ni lo podemos todo. Aunque en algún lugar recóndito de nuestro ser van a quedar restos de ese deseo absoluto, eso quiere decir que en el fondo todos conservamos el deseo de ser dioses:  no envejecer, no morir, ser diferente al otro castrado (limitado).

 

Sentirnos culpables ante una perdida, responde a esos restos narcisistas, esa creencia de que tenemos poder para evitarlo pero no lo hemos hecho. Es  frecuente escuchar que ante la muerte inevitable un ser cercano el sujeto se corroa creyendo que podía haber hecho más o que no hizo todo lo posible, ahí en el fondo hay un resto de pensamiento omnipotente, de ahí la culpa. O puede culpar al otro basándose en esa vieja creencia de que hay otro, no castrado, que lo puede todo.

 

El ¿por qué a mí? si es una interrogación que hace que el sujeto se cuestione y pueda llegar a concluir que todo ser humano estamos enfrentados a la pérdida, las fuerzas invertidas habrán valido la pena.

 

Al contrario si ¿el porque a mí? es una queja, eso significará que el sujeto está sumergido en un sistema de creencias errado, donde se cree diferente al resto de los humanos,  en este caso, la diferencia consiste en que siente no poseer el poder,  cree ser el único que no lo posee frente al otro al cual si le va a suponer ese poder.

 

 

R.P.  Para superar un momento difícil, ¿poder confiarnos a un ser cercano, expresar lo que sentimos, aunque sea a una hoja de papel, es importante?

 

Si hay algo que nos diferencie de el resto de los seres vivos es: el lenguaje simbólico, la conciencia del si mismo y los sentimientos. 

 

Expresar los sentimientos es imprescindible, no hacerlo nos puede enfermar. Expresar los sentimientos significa liberarlos. Los sentimientos se pueden expresar mediante palabras escritas, confiándolos verbalmente a un semejante o simplemente exteriorizándolos en forma de lágrimas.

 

El no expresar los sentimientos nos puede llevar a liberarlos actuando en función de ellos y eso es siempre es peligroso.

 

Hablar y/o escribir lo que sentimos nos obliga a poner de manera secuencial, a través de la palabra articulada o escrita los pensamientos asociados a los sentimientos que ocurren en nuestro cerebro  de manera muy rápida y simultánea.

 

Expresar la rabia, el dolor, el odio en un papel no le hace daño a nadie y nos permite conocerlos. Compartirlos con el semejante si nos dejamos llevar por nuestros sentimientos y actuamos en función de ellos podemos, a veces colocarnos en situaciones de riesgo.

 

Identificar los sentimientos y su expresión son los pasos imprescindibles para controlar y elaborar los sentimientos.

 

A veces y de forma claramente errónea, se asocia sentimientos con debilidad, quizás sea por ello que a los hombres les sea más dificultoso expresarlos en palabras.

 

¿Es importante no autopresionarnos por “estar bien” lo antes posible, sino aceptar también que tenemos derecho a experimentar tristeza o dolor, a atravesar las fases necesarias para volver a recuperar la ilusión por lo que está por venir?

 

  

 

Vivimos en una sociedad hedonista, donde no se toleran sentimientos como la tristeza y el dolor. España es unos de los países del mundo más sobremedicalizados del planeta. Es fácil que ante una etapa vital de cambio que va a suponer un proceso de duelo necesario se nos ofrezca un antidepresivo.

 

Llamamos duelo al proceso de adaptación emocional necesario que sigue a cualquier pérdida y a lo largo de la vida vamos a tener que superar una serie de duelos, inevitablemente.. El proceso de duelo no es una enfermedad por lo tanto no hay que medicar sino lo los que nos va a permitir superarlo es el diálogo.

 

El proceso de duelo es necesario, aunque el sujeto este afligido, ese dolor es un dolor necesario ya que no se puede enfrentar lo que no se siente. sin ese dolor no podemos ni asumir la pérdida , ni la podemos elaborar. Pretender evitar el proceso puede traer consecuencias graves para el sujeto especialmente en forma de conductas desadaptativas.

 

Dentro del proceso de duelo podemos diferenciar tres etapas: Fase inicial o de evitación, se caracteriza por el estado de shock o incredulidad, Fase aguda de duelo caracterizada por la presencia de sentimientos de rabia, angustia, desinterés por el mundo, Fase de resolución del duelo que supone la gradual reconexión con la vida diaria y la estabilización de estado de ánimo.

 

La duración del duelo va a estar en relación a la importancia de la perdida. Puede durar de unas semanas hasta 18 meses. Más allá de ese tiempo nos podemos hallar ante un proceso de duelo cuya elaboración no esta siendo correcta para ello se habla de duelos complicados, congelados, enmascarados…….En estos casos es conveniente la ayuda profesional.

 

La superación del duelo nos permite arrostrar, en mejores condiciones,  las nuevas situaciones que la vida nos anteponga y avanzar con mayor entereza.

 

R.P. ¿Procurar seguir ofreciéndonos pequeños momentos de placer: un desayuno al sol, una película, una tarde con amigos, es importante para no perder el amor por la vida a pesar de las dificultades?

 

 

Puede ser que en un primer momento de duelo el sujeto haya perdido el deseo o “el gusto por la vida” y es frecuente que el sujeto pase por una etapa de aislamiento necesaria. Un proceso de duelo puede necesitar de ese aislamiento, o puede plantear frecuentes cambios en el estado de ánimo.

 

A veces el entorno tolera mal la aflicción del sujeto y quieren empujarle a que se ofrezca esos momentos de placer que en esos momentos es incapaz de sentir, eso hace que el sujeto en duelo se pueda sentir peor bien porque no se siente comprendido o culpable porque no puede sentir ese placer.

 

Por otro lado los cambios de estado emocional pueden hacer que el sujeto en duelo tenga momentos buenos y tenga ganas de disfrutar de determinados placeres pero no se lo permita o se sienta culpable por sentirse bien. No hay que sentirse culpable por retomar las ganas de vivir y ese deseo en ningún caso supone un rechazo u olvido del objeto perdido sino una señal de recuperación y de salud.

 

 

R.P. ¿El hecho de haber superado una prueba vital nos da nuevos recursos de cara a futuras dificultades?

 

 

Por supuesto. La vida humana supone saber sobreponernos a las dificultades que ésta, con toda seguridad, nos va a plantear. Ya el simple hecho de nacer es la  gran primera prueba  vital, secundada posteriormente por multitud de nuevas pruebas: escolaridad, adolescencia, desengaños…….

 

Inicialmente el Otro (padres, educadores….) nos van a proveer de  herramientas que nos ayuden a enfrentar y superar los reveses de la vida.

 

El ser humano cuando ha tenido una educación adecuada tiene la capacidad para enfrentarse a las pérdidas. Cada prueba superada nos hace más fuertes, nuestra sistema inmunológico psíquico se fortalece y lo contrario, cuando no podemos superar una crisis vital, nuestro sistema inmunológico biológico se deprime, ahí si podemos decir que el sujeto esta enfermo y en ese caso hay que pedir ayuda profesional.

 

 

Tenemos un maravilloso ejemplo de coraje y fortaleza ante las adversidades en la gran tragedia de los Andes. En octubre de 1972 el avión de la Fuerza Aérea Uruguaya se estrelló transportando un equipo de rugby. Fernando Parrado era uno de ellos. Fernando perdió a su madre y hermana en el accidente. Durante 72 días tuvieron que luchar contra el frio, el hambre y la desolación. Contra todo pronóstico Fernando y  Roberto Canessa   consiguieron atravesar los Andes y así poder rescatar a todos los supervivientes. Gracias al trabajo en equipo, la capacidad de innovación, la imaginación y el coraje lograron sobrevivir.

 

Fernando Parrado dijo en una entrevista que después de haber superado ese reto, cualquier otro reto le parecia insignificante.
Isabel Cavallé Miranda
Especialista en Psicología Clínica – Psicoanalista

 

 Especialista

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