“Respire”: Una muestra sobre el conflicto interpersonal

          “Respire”: Una muestra sobre el conflicto interpersonal.
 


El film Respire (2014) dirigida por Mélanie Laurent es la adaptación de la novela homónima  de Anne-Sophie Brasme.
La película nos muestra la conflictiva relación entre dos jóvenes: Charlie y Sarah. Adolescentes enloquecidas, torturadas, llenas de vacíos afectivos y conflictos no resueltos.
La autora de esta gran soberbia tenia tan solo 16 años cuando la escribió,  quizás por eso, supo plasmar con solvencia las dificultades que pueden rodear  el mudo adolescente.
Sabemos que los adolescentes necesitan de la relación con sus iguales como el aire que respiran, hasta el extremo que tales relaciones pueden volverse enfermizas. Esta necesidad responde a que el modo familiar, si existe y es sólido, no es suficiente para que el sujeto pueda acabar de construir una  identidad propia.
En el inicio de la película se nos muestra una escena donde Charlie se administra una dosis de Ventolín, se ahoga, de fondo se oye a su madre llorar y pelear con su padre. El padre aparece como un maltratador y la madre como una mujer sumisa y dependiente de éste. El padre  abandona a su mujer e hija,  dejando a la madre en un estado de estrago e incapaz de acompañar a su hija en el proceso de convertirse en adulta.
Charlie se muestra identificada a la madre adoptando una posición sumisa, aparentemente resignada, obediente  pero asfixiándose cada día un poco más, asfixia somatizada en forma de asma, síntoma que es soportado hasta el límite.
Esta calma asfixiante se moviliza con la aparición de Sarah,  personaje narcisista y como tal poderoso, aparentemente muy segura de sí misma y que seduce a Charlie para luego poner en ella todo el odio y dolor que ella misma es incapaz de elaborar.
Charlie es sometida por Sarah, repitiendo el modelo parental.
En relación a los padres de Sarah, poco sabemos. No hay padre y la madre es una mujer loca que la agrede sin ningún sentido.
La ausencia o inconsistencia de roles masculinos es un elemento fundamental del relato.
Los conflictos no apalabrados, son somatizados o actuados durante toda la cinta.

Para el psicoanálisis, existen dos mitos que permiten al sujeto organizar su psique:

       El mito de Narciso. Narcisismo necesario que permite al sujeto una primera identificación y             estructuración del yo y que generará  una relación con el otro de enamoramiento/agresividad que deja al sujeto en un callejón sin salida.
Al ser el Yo, otro, en el odio al otro, al que se somete, se pega, se insulta, así como al que se ama, se esconde el amor odio a sí mismo. En la posición narcisista solo hay: ganador o perdedor, bueno o malo…. o tú o yo.
El narcisismo no es una etapa que se supere, sino que puede tener diferentes destinos;  más productivos o más sintomáticos.
       Para que el sujeto pueda salir de esa primera identificación narcisista tiene que acudir al segundo mito que es el Edipo, que introduce una terceridad en esa relación narcisista yo/no yo que permite trascender, dialectizar la especularidad del narcisismo.
El futuro de la cultura depende del valor asumido por el padre en la familia, pues en ello se juega la fecundidad de su imagen en el complejo de Edipo, y este funciona como conector decisivo de la estructuración del deseo del sujeto, de la sublimación de la pulsión y en las producción de bienes: trabajo, cultura, arte,..
El complejo de Edipo impondrá al sujeto, una falta , una frustración que permitirá la emergencia del deseo.
“La pasión es nociva en el momento que deviene excesiva” (Nietzsche), cita el profesor de filosofía en el inicio de la cinta, anunciándonos el advenimiento de la tragedia que cierra el relato.
Una persona con un narcisismo no patológico tiene capacidad para enamorarse pero eso no es así en los casos donde el narcisismo deviene patológico. El narcisista intenta inconscientemente una relación dominada por la agresión a causa de la frustración y el resentimiento profundos del pasado debido a una negativa atormentadora de la gratificación temprana.
Multitud de autores del campo de la sociología, de la filosofía o del psicoanálisis concuerdan en una proliferación de patologías de tipo narcisístico, asociadas al debilitamiento de las figuras identificatorias familiares y causantes de esas deficiencias en la estructuración subjetiva de las nuevas generaciones.

L’Ère de vide”  de G. Lipovetsky es una de las obras más significativas en la investigación de este fenómeno y que subraya la desinvestidura generalizada de las instituciones, especialmente la institución familiar.

Isabel Cavallé Miranda

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